Los ritos funerarios

En Egipto el entierro era caro; Heródoto explica que había tres tarifas de embalsamamiento, y Diodoro precisa que una de ellas costaba un talento de plata, o sean mil pesos; la segunda trescientos y la tercera de caridad, se obtenía pagando sólo lo que se podía, sin precio fijo.

Para embalsamar un cadáver se extraían las entrañas y la grasa superflua, y todo ello se encerraba en varios jarros. De este modo, el cuerpo libre de sus partes más corruptibles, era envuelto en largas vendas de tela entre las que se mezclaban especias y ungüentos aromáticos. A cada vuelta del vendaje se pronunciaba una palabra mágica y se colocaban amuletos en lugares vulnerables.

Para mayor seguridad se enterraba junto al cadáver un papiro del llamado Libro de los Muertos, contenía las preces y conjuros enigmáticos que había enseñado Isis. Los que podían ponían el retrato del difunto en una de las cámaras accesorias de la tumba. Un retrato para los egipcios es una prenda de inmortalidad.

Algo muy significativo en los ritos funerarios egipcios son los sarcófagos.

La idea de ser enterrados en la arena espantaba a los egipcios. Por eso era general el uso de sarcófagos, que protegían al muerto del mundo exterior, pero lo tenían en contacto con él mediante los ojos y los oídos dibujados o esculpidos en la superficie, mientras que las inscripciones eran extractos del Libro de los Muertos.

La poderosa influencia de Sos-Ra

Las creencias de Osiris perduraron durante las tres primeras dinastías de faraones, hijos de Horus, el Halcón. Pero ya el último faraón de esta dinastía, genio excepcional y gran pensador, impuso como religión el sentido místico de Ra, casi como una herejía para la corte de aquel momento.

Se llamaba Soser o Sos-Ra, y el cambio consistió en reconocer la superioridad de Ra con sus sistemas explicativos del ser y el no ser, por encima de las prácticas mágicas de Isis y la supervivencia del alma espiritual, aunque fuera en parte, en el reino de Osiris. La tradición atribuye a Soser o Sos-Ra escritos casi cientifícos, que son apócrifos, pero que prueban la gran autoridad que logró en vida.

El cambio de religión se manifiesta en los reinados de la IV y V dinastías por la construcción de pirámides reales. Mientras los hijos de Horus se hacían enterrar en tumbas subterráneas, acaso para estar más cerca del reino de Osiris, los faraones, hijos de Ra, construyeron sepulcros colosales en forma de pirámides.

Heródoto nos comunica la tradición de que para la obra de la pirámide de Keops, el primer faraón de la IV dinastía, se necesitaron cien mil trabajadores durante veinte años. Keops llamó a su pirámide Khut que significa "gloriosa". Se necesitaron tres millones de metros cúbicos de piedra y su planta cubre cerca de tres hectáreas.

Su sucesor Kaf-Ra, o Kefrén, construyó una pirámide casi tan grande como la de Keops, que llamó UR, la Grande. La tercera, la pirámide de Menkara o Mikerinos es mucho menor que las dos anteriores.

No hubo en Egipto persecuciones ni ejecuciones por motivos religiosos hasta la época romana. Si hubo insubordinaciones y rebeliones. Hubo golpes de cuartel o harén, como en Asiria y Roma, y los gobernantes tenían que estar alerta.

Aquí expondremos un documento donde habla un faraón dando desconsolados consejos a su hijo:

"Cuida de los que te digan- que eres el mayor rey del mundo - pero cierra los oídos a tus subordinados:- el pueblo obedece a quien teme.- No te acerques a nadie solo.- No te imagines que nadie puede ser tu hermano.- No creas en la amistad.- No intimes con nadie.- Al dormir, guarda tu corazón,- pues nadie tiene amigos- el día de la desgracia...."

 

La concepción sobre la vida de ultratumba

en la religión egipcia:

La síntesis solar

 

En las dinastías del Imperio Antiguo(III-V), la concepción del hombre contenida en la síntesis solar era sólo aplicable al faraón. En la época final del Imperio Antiguo, el faraón extendió el privilegio solar a los más destacados funcionarios y posteriormente, con la época feudal, alcanzó también a los más grandes señores.

El hombre es un compuesto de materia y espíritu. En él la materia es el cuerpo- "khet"-perecedero.

El espíritu le informa de dos modos diferentes: con el "Ka"- principio divino colocado por los dioses en cada hombre-, el Khet empieza a vivir; con el "ba"- alma del hombre, conciencia-, el compuesto humano de materia y de forma divina asume una conducta propia, de la que es responsable ante los dioses. El "Ka" es inmortal; el "ba" puede serlo.

Al morir el "Ka" abandona el cuerpo y tiende a volver a sus orígenes divinos.

Para subsistir eternamente debe el "ba" alejarse del "Khet" separarse de todo elemento material que lo contamine y por una espiritualización completa, unirse al "Ka", junto al cual puede inmortalizarse.

La liberación del "ba" de la materia se cumple tras un peregrinar lleno de asechanzas, de las cuales el difunto escapa con la protección de ritos mágicos o la benevolencia de los dioses. Antes de penetrar en los cielos, los dioses juzgan el alma del que se presenta ante ellos. Si el muerto es hallado justo, su "ba" se une a su "Ka" y el difunto, imaterial y libre de toda imperfección, con su propia personalidad de hombre, vive una vida eternamente feliz junto a los dioses. Si es hallado culpable, su "ba" es destruído.

Se extiende a todo el pueblo la concepción del hombre y de la vida de ultratumba según la cosmogonía solar durante el período feudal, tendencia a la democratización que la nueva época centralista (dinastía XI-XII), no desvirtuaría.

En el Imperio Nuevo, la concepción solar extendida a todos los hombres entraría en contacto con el pensamiento osiríaco y un sincretismo de ambas creencias tendería muy pronto a imponerse. El pueblo admite muy pronto la idea solar de "juicio de Ra", convirtiendolo en "juicio de Osiris" ante el cual comparese el alma del difunto tras un largo peregrinar.La exigencia moral que esto significaba en la religión solar se sustituye ahora por la eficacia de unos ritos mágicos- Libro de los Muertos- con los que el difunto conjura su posible condenación.

 

Akhenaton y La Revolución Religiosa

 

Amenofis IV ( 1372-1354), llamado posteriormente Akhenaton, es una de las más importantes personalidades del Imperio Nuevo Antiguo no por sus hazañas políticas sino por su intento de una revolución religiosa.

Reunía en sí los caracteres físicos y espirituales de varias razas, egipcia por su padre Amenofis III, semita por su madre, una princesa fenicia e indoeuropea por su abuela, de orígen mitanni. Desde niño fue educado en las ideas de la cosmogonía solar y siempre se sintió atraído por las cuestiones puramente filosóficas.

De todo ello surgió en él un ideal religioso que se apartaba de las tradicionales creencias del pueblo egipcio. Y cuando muere su padre, sube al trono a la edad de quince años y se dedica con ahinco a la implantación de una religión de la que se considera depositario en la tierra.

La nueva religión no era del todo desconocida. En Heliópolis se rendía culto al dios Sol, bajo las denominaciones de Ra o Atón y representado como una figura humana, masculina, con cabeza de halcón. Pero durante la dinastía XVIII había adquirido una gran preponderancia el dios Amón, reflejada en el poder religioso y político de sus sacerdotes.

Lo que se proponía Akhenaton era una depuración de ese mismo culto solar. De este modo concibe a Ra como un dios puro y lo despoja de todos los ritos que lo rodeaban en los que aparecía con figura de hombre. Este espíritu puro recibe la denominación de Atón y desde ese momento es representado como un disco rojo del cual parten unos rayos que se prolongan hasta acabar en unas manos que llegan a tocar al rey y a la reina para trasmitirles la vida y el poder.

La primera desición que toma es nombrarse a si mismo sumo sacerdote de Atón, despojando de su hegemonía al sacerdote de Amón que era hasta ese momento la personalidad más importante después del faraón. A su vez decide romper con todo lo que existía con anterioridad a él, por lo cual suprime los cultos de todos los dioses y manda destruír todas sus imágenes. Debido a la persecueción de los sacerdotes de Amón, el rey decide dejar la ciudad de Tebas, la capital del Imperio, y construye una nueva ciudad llamada Akhetatón, que significa "Horizonte de Atón". Él mismo cambia su nombre de Amenofis IV por el de Akhenatón, cuyo significado es "Servidor de Atón".

¿En qué consiste la nueva doctrina solar?. En los textos aparecidos en El-Amarna se conoce el "Himno al Sol", compuesto por el mismo rey que resume los puntos más esenciales de su doctrina.

Veamos los fragmentos más destacados y su significado:

"Único Dios, tú que no tienes igual, tú que has creado la Tierra según tu corazón, cuando estabas solo, los hombres, todos los animales domésticos y salvajes, todo lo que está sobre la tierra, y marcha con sus pies, todo lo que está en el cielo y vuela con sus alas...Tú has colocado a todos los hombres en su lugar y tú provees a sus necesidades..."

De este fragmento se deduce que existe un solo Dios, anterior a todas las cosas. Los seres animados e inanimados son consecuencia de una acto de amor y voluntad de Dios. Pero además existe un acto contínuo de creación, que consiste en mantener todo lo creado y en proveer a las necesidades de todos seres vivientes. El hombre puede alcanzar la felicidad por medio del conocimiento del bien y la verdad.

En otro fragmento del Himno al Sol Akhenatón le da a la religión un carácter universalista:

" Tú que has creado...los países extranjeros, la Siria y la Nubia y la Tierra de Egipto...sus lenguas hablan de modo distinto, como son distintos su piel y su aspecto, puesto que tú has diferenciado a los pueblos... Tú creas la vida de todos los pueblos alejados... Hay un Nilo en el cielo para los pueblos extranjeros..."

Es la primera vez que Dios rebasa las fronteras de su imperio para extender su providencia sobre todos los demás pueblos.

"Tú surges hermoso sobre el horizonte del cielo, Atón vivo, comienzo de toda la vida. Cuando surges sobre el horizonte del Este, llenas de tu belleza toda la Tierra. Cuando te pones en el horizonte del Oeste, la Tierra es oscuridad a la manera de la muerte."

Es decir que la asociación de los reinos del bien, presencia de Atón, y del mal, ausencia de Atón, origina la sucesión de los días y las noches.

Si uno ama a Atón y obra en consecuencia, nunca caerá en las redes del mal. Finalmente dice: "Tú (Atón) estás en mi corazón pero no hay otro que te conozca sino tu hijo (Akhenatón)..."

Akhenatón es el profeta de Atón, el depositario de su doctrina. Se considera a si mismo como hijo del dios; por lo tanto, como participante de su divinidad. El es la encarnación de Dios sobre la Tierra, el intermediario entre los hombres y la divinidad. Así, pues, el pueblo, en vez de dirigirse directamente a Atón, rinde culto diario a Akhenatón en su palacio. De este modo el culto se populariza ya que interviene todo el pueblo y no solamente los sacerdotes y se sustituye el lenguaje literario por el utilizado en la vida diaria.

Frente a la superioridad del rey, todos los demás hombres son considerados por igual sin influir riquezas ni títulos; únicamente la inteligencia puede establecer diferencias.

La idea de ultratumba no cambia en su esencia. Continúa la idea de una supervivencia más allá de la muerte pero apartándose de todas las creencias mitológicas.

El intento de implantar esta religión finalizó con la muerte de su fundador. Su sucesor Tutankhatón cambia su nombre por el de Tutankhamón, hace las pases con Amón y sus sacerdotes y regresa a Tebas.

La idea del politeismo y el gusto por las complicadas mitologías estaban demasiado arraigadas en el alma egipcia para que pudieran ser desplazadas por una religión tan espiritual que atacaba precisamente estas creencias, que fueron el sustento espiritual del pueblo egipcio durante muchos siglos.

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