La etimología exacta de la palabra alquimia ha sido reconocida por la mayoría de los estudiosos y proviene de dos palabras árabes: Al Kimiya. La primera Al, es un prefijo, mientras que Kimiya deriva de Kemet o "tierra negra". Kemet es el nombre original que recibió Egipto en tiempos de los faraones. Los antiguos egipcios llamaban Kemet al valle del Nilo. En su idioma, aquella palabra significaba "tierra negra" y se refería al limo, que tras cada inundación del río, fertilizaba el desierto y transformaba lo estéril en fértil.

Posiblemente las primeras incursiones en el Arte Real se llevaron a cabo en los viejos templos de Caldea hacia el año 4000 A.C..

Se cree que rápidamente pasaron a Egipto, donde una elite sacerdotal la tomó como ciencia propia, fundando escuelas en las que unos pocos podían conocer la sabiduría vedada al resto de los mortales.

La primera prueba arqueológica de que se dispone en relación con la alquimia es de orígen asirio y se remonta al siglo 7 antes de Cristo. Se trata de un fragmento de tablilla de arcilla en la que se indica cómo fabricar plata y que se dice que era una copia de un documento egipcio mucho más antiguo, ya que en los templos del Nilo se enseñaban técnicas para la obtención de oro y otros metales preciosos bajo el control de un sacerdote mayor que era conocido como "Gran Esmigridor del Martillo".

Sabemos que en dichos templos-laboratorios se encontraban bibliotecas con cientos de papiros que trataban el arte alquímico. Desgraciadamente las diferentes invasiones que sufrió Egipto, desde la llegada de Alejandro Magno, los hicieron desaparecer por completo, si exceptuamos los papiros conservados en Estocolmo y Leyden, que aunque tardíos (se les supone del siglo 3 D.C) son un verdadero compendio de técnica alquimica. En esos dos documentos se pueden encontrar una serie de instrucciones para combinar oro, mercurio, cobre y otros metales destinados a conseguir oro de gran pureza.

 

La transmutación alquímica

Tras la fundación de la biblioteca de Alquimia en Alejandría empiezan a centralizarse muchos de estos conocimientos y esta ciudad mediterránea se convierte pronto en la capital de los saberes herméticos. Es así como en el año 290 de nuestra Era, el emperador romano Dioclesiano, viendo con temor los constantes brotes de rebelión que se daban en el país del Nilo decide "quemar todos los libros de química egipcia que tuvieran relación a la obtención del oro y plata, a fin de que no pudieran enriquecerse con este arte y obtener por consiguiente, riquezas suficientes para poder rebelarse contra los romanos". Muchos expertos en historia de la alquimia consideran que debió ser a partir de esta quema general de libros alquimicos, cuando el Arte Real se transformó, abandonando su parte material (convertir vulgares metales en otros preciosos) para convertirse en una verdadera filosofía esotérica en la cual se intentará conseguir la transformación espiritual del hombre como Obra Suprema. Precisamente esta será buscada con ansiedad por los alquimistas del Medioevo y el Renacimiento.

Parece ser que los egipcios se ocultaron en los antiguos templos ante la llegada de los romanos. La mayor parte de estos templos estaban en ruinas cerca de Alejandría posiblemente en los alrededores de la ciudad de Rashir. Esta ciudad que fue renombrada bajo el nombre de Rosetta en el siglo IX de nuestra era, se conviertió durante la época ptolemaica en un importante centro religioso y cultural en el que por cierto, se encontró en 1799 la famosísima piedra del mismo nombre que permitió la comprensión del antiguo idioma y escritura de los egipcios....

Es en el año 639 de nuestra Era con la llegada de los ejércitos del caudillo árabe Amr y la conquista de Alejandría, un grupo de iniciados logró que aquellos restos de conocimiento alquimico fueran trasladados a un lejano asentamiento de pirámides (Berabis) en el que se instalaron grupos muy reducidos que aún profesaban la vieja religión egipcia. A uno de estos grupos tuvo acceso el autor de la obra Kitab-al-Fisrith quien asegura que entre los egipcios se encontaraban verdaderos sabios que habían construído entre sus pasadizos y criptas, verdaderos laboratorios en los que se intentaba convertir los metales.

Las buenas relaciones entre los egipcios y los árabes a partir del siglo IX, lograron que este saber milenario llegara a manos de los agarenos, los que a su vez lo exportaron a Europa, naciendo lo que fue sin duda, la gran eclosión alquimica en el medioevo.

Por lo tanto debemos mencionar a quien para muchos fue el primer gran alquimista, Hermes. Algunos historiadores antiguos aseguraban que él fue el verdadero padre del Arte real. Este personaje, rey fabuloso del Egipto predinastico es, según la tradición, autor entre otros de la Magna Tabla Esmeralda, también conocida como "La Biblia Hermética". En síntesis se trata de un manual sobre la Gran Obra presentada de forma simbólica, abstracta y de comprensión tremendamente difícil. Dice la tradición que dicha tabla fue grabada en su orígen con la punta de un diamante sobre una lámina de esmeralda de extraordinaria pureza y su autor recibió el calificativo de Trismegisto, "el tres veces grande".

Al menos desde el imperio medio de la zona de Beni Hasam fue un importante enclave alquímico y de iniciaciones mágico-religiosas; de hecho, fue considerado lugar sagrado y necrópòlis de personajes célebres relacionados con los grandes saberes durante casi quince siglos. Situado a unos 20 km de El Minya, en la orilla este del Nilo, allí se encuentra la famosa tumba de Baquet. En ella puede admirarse unas extrañas imágenes que nos recuerdan aquellas que muchos siglos después dejarían los antiguos canteros en las catedrales europeas, y en cuyos relieves destacan los unicornios. Curiosamente son estos animales míticos directamente relacionados con los saberes herméticos, sin olvidar las extrañas imágenes de misteriosos monstruos alados.

 

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